Imperdible
Bienvenidos a la República Democrática Alemana, la nación estrella de la órbita soviética, donde el frío aire proveniente del este cala hasta los huesos durante los 365 días del año. En este grisáceo país el Departamento Nacional de Estadísticas lo sabe todo, gracias a la ayuda de la todopoderosa y omnipresente Stasi, la policía secreta. Cuántos zapatos compro al año: 2,3. Cuántos libros leo al año: 3,2. Cuántos alumnos aprueban con sobresaliente al año: 6.347. Sin embargo, hay algo que la Stasi dejó de informar y estadísticas dejó de publicar, cuántos suicidios se producen al año. Verán, un suicidio implica que alguien no es feliz y en un país en el que el papá Estado se preocupa de hasta el más mínimo detalle de la vida de su pueblo, sencillamente no deberían haber suicidios (según los burócratas de la RDA “autoasesinatos”).

Hoy en día ganar un premio Oscar no es determinante para saber si estamos frente a una buena o una mala película. De hecho tampoco lo es la crítica, cada vez más frecuentemente coimeada con anterioridad por los grandes estudios. Entonces, ¿qué nos queda? El boca a boca sigue siendo la forma más efectiva de hacer publicidad ya que en la gran mayoría de los casos sigue siendo honesta y justa, a pesar del claro condimento subjetivo que todo análisis tiene. En el caso de La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen) recibí mucha información de gente distinta de que se trataba de una muy buena película, lo cual creí en especial tras conocer parte del argumento en que se basaba la historia. Sin embargo, tal como me ha ocurrido anteriormente, soy algo reticente a enfrentarme a una película de la que me han hablado tanto ya que temo a desilucionarme posteriormente. Afortunadamente este no fue el caso.

La Vida de los Otros nos transporta a la RDA, la Alemania comunista de los años 80’s (esos 80’s tan lejanos y cercanos a la vez). En realidad poco importa que se trate de un régimen comunista ya que todos los régimenes Martina Gedeck y Sebastian Kochtotalitarios basan su autoridad en la represión y el miedo de sus ciudadanos, y por ende, no son tan diferentes unos de otros a pesar de estar en lados opuestos en la mesa de las ideologías. En este contexto nos encontramos con el capitán Hauptmann Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un oficial extremadamente competente y rígido de la lúgubre Stasi, dedicado actualmente a la enseñanza en la academia de la policia secreta. Debido a su reconocido éxito como investigador se le encomienda vigilar, con todos los medios posibles, al famoso escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y a su novia la actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck), los cuales si vivieran en el Chile actual serían el alimento favorito de la farándula criolla.

Dreyman es sin duda un valuarte del mundo socialista, uno de los poco escritores de obras teatrales y poemas que no ha caído bajo la influencia del mundo occidental, sin embargo, y para su pesar, cometió un crimen más grave que el de atentar contra el Estado, uno que lo llevará al borde de la ilegalidad. Ser novio de Christa-Maria es algo envidiable en la RDA, lamentablemente ser envidiado por el Ministro de Cultura Bruno Hempf (Thomas HGWThieme) es algo que limita en lo criminal. Esta es la razón principal de la “Operación Lazlo”, que busca recopilar información incriminatoria sobre Dreyman para así dejarle el camino libre a Hempf y que mejor que poner a cargo a Wiesler, quién sin duda encontrará aquello que tanto anhela el ministro. Escuchar y ver la vida de los otros, con el tiempo, pone en perspectiva nuestra propia existencia, y en el caso del Capitán Wiesler la entrada a ese mundo intelectual le hace replantear su cosmovisión, como nunca antes siquiera imaginó hacerlo. Sumergido en un mar de dudas, tal vez alimentado por una sana envidia por la vida en pareja y social de Georg y Christa-Maria, el oficial de la Stasi comienza a verse a si mismo, a su institución y al gobierno de otra forma, casi sin saber concientemente por qué. Esta misión influirá en su vida más allá de lo que él sospecha.

Esta cinta, dirigida por el cineasta alemán Florian Henckel von Donnersmarck no tiene puntos flojos, ni cabos sueltos. La ambientación es fantástica y te transporta de una forma muy realista a la gris, lúgubre y carente de vida Berlin oriental de los años 80’s. La ciudad está sin duda en un segundo o tercer plano, vemos muy poco de ella, pero lo que vemos nos indica por todos lados que se trata de una ciudad de laInterrogatorio de la Stasi órbita soviética de antes de la caída del muro. Poquísimos autos en las calles (y los que hay son claramente soviéticos) y poca gente haciendo su vida fuera de las cuatro paredes que las encierran. El frío invernal traspasa la pantalla y la tediosa burocracia, que en parte me recordaba aquellas oficinas públicas chilenas de los años 80’s, nos grita que estamos, al igual que los protagonistas, privados de libertad. Sin embargo, hay algo que se produce en el transcurso de la película, hay un click que hacen los protagonistas, por razones muy distintas, que los obligan a cambiar su visión de mundo y a actuar como son realmente, cosa que ni ellos se veían capaces de hacer. Es así como vemos a dos hombres luchando por la libertad, no de sus pueblos, sino que propias. En una nación totalitaria, en que la violencia estatal está permitida, dificilmente se puede evitar no ser autoritario consigo mismo. Y mientras vemos el sacrificio personal de ellos, por otro lado vemos como otro personaje actúa motivado por el egoísmo y la sed de éxito, que lo empujan a traicionar sus propias creencias y a quien más quiere.

La Vida de los Otros es una gran película por donde se le mire, un excelente trabajo de dirección, guión, musicalización y actuaciones, de principio a fin. Sin duda, estamos frente a un IMPERDIBLE del séptimo arte.

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