Esta semana nos enteramos de varías noticias de Quantum of Solace, la nueva película de James Bond, que por estos días se apresta a filmar las primeras tomas de la historia de la saga en territorio chileno. Lo primero que supimos fue que la cinta utilizaría como escenario el observatorio Paranal, la caleta Cobija (mal llamada “puerto”) y la estación de trenes de Baquedano, estas dos últimas Patrimonio Nacional. La segunda noticia de esta semana fue que el casting de extras se centraba sólo en personas de rasgos claramente indígenas. Debo confesar (y acepto hidalgamente cualquier acto de repudio hacia mi) que esta situación me decepcionó levemente, lo cual demuestra que hay un porcentaje de chauvinismo (el mismo que criticaré más adelante) en mi. Resulta que me complicaba ver, una vez más, a Chile retratada como una nación desértica, pobre y viviendo en un clarísimo hiper subdesarrollo medieval. Es que sentí que reaparecía el fantasma de The Reaping, que mostró a Concepción como una ciudad árida, polvorienta y poblada por personajes oscuros y truculentos, esta vez en una de las franquicias cinéfilas que más me agradan (sobre todo tras el giro al realismo visto en Casino Royale). Es por eso que me alegré al enterarme de la tercera noticia de la semana… las locaciones en Chile representarán a Bolivia. ¡Dios es grande! ¡Nuestro honor está salvado! …eso hasta que leí y escuché los comentarios de muchas autoridades y respetados líderes de opinión que ponían el grito en el cielo por la atrocidad que cometían los productores, lo cual sólo hizo ver mi error y lo patéticos, chauvinistas y tercermundistas mentales que podemos llegar a ser los chilenos.

Me encantaría ver que James Bond realiza una peligrosa persecusión por la Costanera Norte de Santiago o la Alameda, saltando desde un avión sobre los bosques patagónicos, o degustando una belleza local en su lujuso yate frente a Viña del Mar, sin embargo, por qué tendría que hacerlo si resulta más impactante una persecusión por la Quinta Avenida de Nueva York, saltando en paracaídas sobre una jungla tropical o en un yate en la Cote d’Azur. Ese es el mundo de James Bond, no esta larga y angosta franja de tierra, la cual está tan alejada del peligroso mundo en el que se desenvuelve el agente británico que deberíamos pegarnos con una roca en el pecho, agradecer y quedarnos callados. De todas formas y por una razón que recién comprenderemos al ver la película, el refinado British agent debe venir a esta parte del mundo, en su constante misión de proteger a la Reina y los intereses del Reino, persiguiendo a los malos más malos de la faz de la Tierra. Sí, me encantaría ver a Chile retratado en una película de James Bond como Malasia, Hong Kong o Berlin, pero ¿acaso nos lo hemos ganado? Y no sé si es que hay que ganarselo tampoco, pero resulta que en la imagen colectiva mundial estamos lejos de ser los jaguares que nosotros creemos que somos, o los más europeos del sur del mundo. ¿Será que falta una campaña de marketing del Gobierno, mostrando nuestra realidad (la que nos gusta que vean claro), o será que los demás no quieren verla? Da lo mismo. El guión manda y si James Bond tiene que pasar por una población callampa de Antofagasta, lo tiene que hacer y punto.

Pero tranquilos, que la cochinada que se verá en pantalla no es Chile, no, no, no. Es Bolivia… o tal vez ni siquiera Bolivia, si no que un país inventado en América del Sur llamado República de San Marcos o Reino Altiplánico del Atacama. El honor de Chile está salvado, esa realidad, esos Monumentos Nacionales que al parecer tanto nos avergüenzan llevarán el nombre de otro país. Ufff sí… el honor está salvado. Hasta ahí la crítica hacia mi forma de pensar, porque hay otras personas, grandes chilenos por supuesto, patriotas de verdad, que se sienten pasados a llevar por mostrar el Paranal, Cobija y Baquedano sin una bandera chilena de fondo… una de 12 x 4 para que se vea bien en el cine.

Somos tan mediocres que la llegada de una producción de este nivel hiperexcitó a mucha gente y los pasquines ordinarios que tenemos por prensa escrita se aprovecharon de eso para aumentar la espectativa (a falta de noticias reales). Gracias a los amigos de Cine Con Chile tenemos acceso a profundos y analíticos reportajes de prensa en la cual deja clara la mediocridad antes mencionada. Una entrevista al perro local que aparecerá en la cinta y los comentarios de un grupo de antofagastinos (que no le hacen ningun favor a los antofagastinos inteligentes) que piden que James Bond resuelva crímenes, deja claro el nivel al que apuntamos. Hasta que se hizo público que aunque Daniel Craig filmará en Chile, su personaje James Bond estará en Bolivia, ya que todas las locaciones (al igual que las filmadas en Panamá) representarán a ese país. ¡Quedó la cagada!

El director local del Sernatur Roddiam Aguirre (sí, el mismo al que el Intendente le pidió la renuncia) quedó en shock cuando supo esto y declaro que era muy malo para el turismo ya que el aspiraba a que se viera bien grande el nombre de Chile en la cinta. Que ternura. Por otro lado el diputado Manuel Rojas se enyegüeció y dijo que iba a averiguar con la Ministra de Cultura si en el guión aparecía el nombre de Chile o no… ¡PATÉTICO! La verdad es que yo me quejaba que debido a las locaciones Quantum of Solace nos haría ver atrasados, subdesarrollados y, aunque el retrato que tiene Hollywood sobre Chile y el resto de los países hispanoparlantes de América es casi siempre de ese estilo, son las declaraciones de las autoridades políticas de la zona lo que no solo nos dejan mal, sino que hace que veamos la triste realidad: seguimos siendo atrasados mentales, subdesarrollados neuronales, que no entienden que una ficción no es una realidad, que la magia del cine puede transformar a Berlin en Moscú, a Bucarest en Buenos Aires, a Vancouver en Los Angeles o al desierto de Atacama en Marte. ¿Indignación, polémica? Sí, pero no porque vayan a mostrar un par de ciudades -las cuales ni recordaríamos si no fuera por esta película- como ciudades bolivianas, sino que por la actitud de los medios y de algunos líderes de opinión que se llenan la boca hablando de vergüenza y deshonor, cuando no tienen idea de como se hacen las películas y creen que este debería tratarse de un documental de la zona, un millonario comercial que nos deje bien parados. Si las autoridades no entienden lo que es el cine, si la gente no entiende lo que es el cine, entonces, ¿cómo cresta queremos mejorar nuestra pequeñísima industria nacional? No, no, claramente no nos merecemos recibir al sofisticado James Bond.

Quantum of Solace del director Marc Forster, cuenta con la participación de Daniel Craig, Mathieu Amalric, Judi Dench, Olga Kurylenko, Gemma Arterton, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini y Jesper Christensen, se estrenará en Chile el 6 de Noviembre.

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