Este post nace de los comentarios publicados en la entrada de la posible realización de una película de Friends. Hace dos viernes Francisco Orrega escribió en su columna Fuera de Foco de El Mercurio un interesante y simpático artículo sobre esta serie hecha película, el cual reproduzco integramente a continuación.

Series como “Gossip Girl” o “Ugly Betty” y películas como Sex and the City o The Devil Wears Prada son a ellas lo que Star Wars o Batman a los hombres. El ñoñismo femenino no tendrá figuras de acción, pero le sobran los zapatos caros.

–El estreno más infame del 2008 es Sex and the City –me decía hace poco un amigo cinéfilo. Cuando le pregunté porque tanto odio, me soltó un largo discurso acerca de lo superficial del producto. Que en el fondo no era más que un discurso misógino que limitaba lo supuestamente sofisticado de la mujer actual a la irreverencia de hablar de vibradores.

–¿Te gusta 24? –le pregunté –¿Star Wars, 007, Batman, Iron Man, Indiana Jones? –larga lista que motivó una seguidilla de afirmaciones, acompañadas de un extrañado, qué tenía que ver eso con Sex and the City.
–Todo. Si cuestionas los contenidos, lo verosímil y hasta la moral de Sex and the City tienes que hacer lo mismo con Star Wars. Criticar a Carrie Bradshaw por lo superficial de sus historias es un esfuerzo tan vano como pedirle profundidad a Iron Man o a Hulk.

Sex and the City, Gossip Girl, El diablo viste a la moda, The OC, The Hills son objetos de pasión nerd femenina, noñismo para ellas y punto. Si nosotros tenemos a los superhéroes y a las máquinas asombrosas, ellas tienen a neoyorquinas sofisticadas y bien vestidas. Son las reglas del cine y de la televisión comercial, evasión más marketing y punto, si te gusta tómalo, sino tienes de sobra para encontrar una alternativa. Míralo de este punto, en el plano sexual, no hay mucha diferencia (salvo que uno es hombre y la otra mujer) entre James Bond y Samantha Jones. Todos queremos la ropa, los autos y las chicas de 007. Todas quieren la ropa, el departamento y los chicos del personaje de Kim Carral.

Somos más ñoños de lo que aparentamos. Conozco tipos que son capaces de recitar todas las formaciones de la U o del Colo Colo, otros que saben exactamente que canciones tocaron los Beatles en sus conciertos en EE UU. Yo mismo, estoy sobre poblado de información inútil, como cuantas naves han llevado el nombre de USS Enterprise en la Federación Unida de Planetas, o que Optimus Prime es hermano de Ultra Magnus o que Legolas (Orlando Bloom) pestañea solo una vez en toda la trilogía “anillica” de Peter Jackson (cuando ve a Shadowfax, el caballo de Gandalf). Si, es frik, idiota incluso, pero no es menor que el nerdismo ha sido fuertemente respaldado por la valorización cultural del pop. O sea, sin nerds no tendríamos ni a Microsoft ni a Apple dominando al planeta, así de fundamental.

Pero el tema ha sido injustamente visto como un fenómeno de hombres, cuando ellas son tan o más ñoñas que nosotros. Me contaba un amiga que en su oficina, se están organizando para ir en grupo al estreno de Sex and the City. Las mismas que se reían cuando uno juntaba a sus amigos para ir en patota a ver una nueva Star Wars, ahora hacen los mismo con su gran epopeya masiva, porque en el fondo eso es esta película, una épica con zapatos Marc Jacobs en lugar de figuras de acción.

Por eso respeto tanto a Sex and the City, porque bajo su mascara de diseñadores caros, Prada y Sack Fift Avenue no hay más que un fetichista ejercicio de ñoñismo, porque en las reglas del pop que Carrie se encuentre finalmente con Mr. Big es tan detonante como oír a Vader confesándole su paternidad a Luk. O a John Locke descubriendo que en Lost, la isla puede ser movida.

-Vía El Mercurio Blogs