Darle un final a las cosas tiene un objetivo, uno tal vez poco romántico, pero sin duda necesario. El cerrar un ciclo en la vida sirve para poder seguir adelante, para evolucionar sin el peso de un pasado inconcluso. Cuando no hay un fin –closure como le dicen en gringolandia- no importa lo que hagamos o dónde vayamos, los recuerdos siempre nos llevarán de vuelta a ese lugar, a ese momento a esas personas que dejamos y no nos permitirán disfrutar el nuevo mundo en torno al cual vivimos en el presente. Con La Vida de los Peces el director chileno Matías Bize nos muestra, en la mayor de las intimidades, una preciosa historia de -valga la redundancia- historias inconclusas. Sigue leyendo

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