Es innegable el parecido entre la ficción y la realidad. Es cierto que Tony Blair no ha sido juzgado, ni siquiera acusado, de crimenes de lesa humanidad y, sin embargo, uno ve reflejado en The Ghost Writer, la última película de Roman Polanski, su paso por el edificio en el 10th de Downing Street y, más específicamente, su complice y a ratos incomprensible relación con EE.UU. No es coincidencia ni una velada crítica, todo lo contrario, la novela del escritor Robert Harris en la cual se basa esta cinta es una abierta crítica hacia la política de Blair en apoyo a las guerras de George W. Bush. En el metraje queda clara en distintas oportunidades, pero nunca tanto como cuando hace aparición la Secretaria de Estado de EE.UU., un clon casi perfecto en forma y tono de la antigua encargada de ese departamento, Condoleezza Rice. Sigue leyendo

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